viernes, 23 de junio de 2017

Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte

La vida no es la que uno vivió,
sino la que uno recuerda y
cómo la recuerda para contarla.
(Gabriel García Márquez)


“Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte” es un espectáculo que nos propone hacernos preguntas sobre aquello que hemos vivido y queremos "volver a pasar por el corazón".

Al entrar a la sala el espectador se encuentra con un espacio absolutamente despojado. Sólo un gran ciclorama blanco enmarca lo que un rato más tarde se poblará con el universo del pasado de los dos protagonistas. Pero cada pasado es propio, aún para quienes hayan transcurrido juntos gran parte de su historia pretérita.

¿Será el espacio de la memoria un espacio vacío a llenar con los recuerdos?  Quién sabe...

Roberto Guzmán (Marcelo Bucossi),  sociólogo, y Francisco Gipson (Roberto Castro), contador, son dos amigos de la infancia y que varias décadas atrás partieron juntos de su pueblo natal. Ahí vuelven, habiendo cumplido ya las seis décadas de vida, con el objetivo de filmar un documental, ya del pueblo, ya de sus recuerdos. Han invitado para que los acompañen en esa travesía a sus parejas, Stella (Mercedes Fraile), antropóloga que es dueña de una librería, y Carmen (Gabriela Izcovich), de quien no conocemos su profesión. Pero resulta que cuando llegan al lugar se encuentran con nada. En el pueblo no queda nada. Nada. Como nada hay en ese escenario, el de No Avestruz, salvo esos cuatro cuerpos con sus historias, relatos y reflexiones.

 “¿Cómo es posible que un lugar donde uno ha vivido, trabajado, respirado gente, se transforme en este páramo?”, se pregunta uno de los amigos. Lo que querían filmar para dar nitidez a los recuerdos ya no está. Entonces están obligados a apelar a la memoria; la ausencia les exige ir aclarando esas imágenes confusas en un devenir de rememorar infancia, escuela, bar, patios, veredas, casas que ya no están. Pero están. La cámara podrá no captarlos pero están. En ese deambular por la nada con la cámara en mano, los dos hombres construyen ese pueblo que los vio nacer, crecer, competir por amores adolescentes, inaugurar inescrutables secretos, e irse. Y en ese desencuentro de espacios vacíos y construcciones va desarrollándose este particular y potente espectáculo que, inevitablemente, nos enfrenta con nuestros propios recuerdos y nuestras propias reflexiones sobre el paso del tiempo, ese devorador implacable de vida.

Cronos, o Saturno –en la versión latina– devorará uno a uno a sus hijos, con esa ferocidad que Goya plasmó en su magnífica obra obra. Dejar algo para después de que Cronos nos incluya en su menú parece ser el destino de los seres humanos. Roberto y Francisco han elegido hacer una película documental sobre aquel lugar que los vio nacer, sin saber –siquiera– como se usa una claqueta. Sus parejas, Stella y Carmen, que nada tienen que ver con ese pasado, transitan su rol de meras acompañantes en ese espacio en el que no hallarán un cuchillo para partir una torta de cumpleaños, en el que no habrá quien los ayude a recargar la agotada batería de su automóvil, y en el que deberán pernoctar al sereno; y allí contemplarán la vigencia del pensar de T.S. Elliot. Vale decir: esta suerte de gerundio permanente que propone la vida que bien podría contarse con una toma panorámica, en silencio, y de izquierda a derecha, sobre un blanco infinito.

Para contar una historia como esta, sin conflicto entre los personajes sino con un factor inasible como el transcurrir de la existencia, se necesita de actores talentosos, sensibles y de gran oficio. Y eso son, sin dudas, Marcelo Bucossi, Roberto Castro, Mercedes Fraile y Gabriela Izcovich quien además es la responsable de la dramaturgia y la dirección. Los cuatro son todo lo que se necesita para crear ese pueblo fantasma e invitar a los espectadores a recorrerlo con ellos. Los dos hombres lo ven por prepotencia de historia, las dos mujeres lo niegan por quedarse afuera del recuerdo, pero los cuatro lo construyen. Y el público transita con ellos esas calles, esa escuela, ese bar, esa plaza, ese patio, esa casa que ya no son. Y desde allí cada uno viaja a su propio universo de emociones y cavilaciones.


El ser y el tiempo, el ser y la nada, el pasado como un presente continuo que determinará el futuro, el límite de lo que puede ser compartido y los inevitables embustes que habitan nuestra memoria puestos en escena en su conmovedora desnudez y con exquisito gusto.  

No dejen de verlo. Los sábados a las 22.30 en NoAveztuz.

S.M. y F.M.


Ficha técnico artística:
Autora: Gabriela Izcovich
Actúan: Marcelo Bucossi, Roberto Castro, Mercedes Fraile, Gabriela Izcovich
Iluminación: Ricardo Sica
Música original: Lucas Fridman
Asistencia de dirección y Producción ejecutiva: Marco Riccobene
Dirección: Gabriela Izcovich

NOAVESTRUZ ESPACIO DE CULTURA
Humboldt 1857 - Teléfono: 4777-6956
Sábado - 22:30 hs


miércoles, 21 de junio de 2017

ROBESPIERRE, el político que decía lo que pensaba

¿Cuál es en vuestra opinión el motivo que atrae a las ejecuciones públicas? 
¿La inhumanidad? Os equivocáis: el pueblo no es inhumano; 
a ese desgraciado en torno a cuyo cadalso se agolpa, lo arrancaría 
de las manos de la justicia si pudiera. Va a buscar a la plaza de Grève 
una escena que pueda contar a su regreso al arrabal, ésa u otra, 
le da igual mientras tenga un papel, junte a sus vecinos 
y se haga escuchar de ellos. Dad en el bulevar una fiesta divertida 
y veréis que la plaza de las ejecuciones está vacía. El pueblo está ávido 
de espectáculos y acude a ellos porque se divierte cuando 
los disfruta y se divierte también cuando los cuenta a su regreso.
Denis Diderot  (1713 - 1784)


Maximiliano Robespierre, “El Incorruptible”, vivió tan sólo treinta y seis años. Claro está que en la Francia de entonces, sobre todo para quienes actuaban en política, la vida no parecía proponer mucho más tiempo para disfrutarla. Valgan como ejemplo estas cortas existencias, Danton: treinta y cinco años, Luis XVI: treinta y nueve, Sanint Just: veintisiete, María Antonieta: treinta y ocho, Desmoulins: treinta y cuatro, su esposa Lucile Duplessis: veinticuatro, Couthon: treinta y nueve, Madame Roland: treinta y nueve y así podríamos seguir.

Miembros de la realeza, aristócratas, burgueses, campesinos, ya varones, ya mujeres, eran llevados a la guillotina; tétrico símbolo de la igualdad.

En la vieja Francia la pena de muerte por metal estaba reservada para los nobles, el populacho era ejecutado mediante una tosca soga de cáñamo. La Louison o Louisette, como la llamaba cariñosamente Marat, sirvió para que rodaran casi mil doscientas cabezas en la Plaza de la Concordia durante la revolución. Paradojalmente, Marat no murió en la guillotina, y hasta gozó de cierta longevidad; fue apuñalado, por Charlotte Corday, a los cincuenta años en la tina donde trataba de calmar los males que padecía en su piel. Charlotte sí fue guillotinada, ella tenía veinticinco años.
Esta orgía de sangre tuvo en Maximiliano Robespierre a uno de sus fundamentales protagonistas. Curiosamente este hombre que fue un niño abandonado por su padre y huérfano de madre, era un tenaz opositor a la pena de muerte en sus primeras incursiones en la política, y un férreo defensor de los derechos de los desposeídos.

En 1757, un año de antes del nacimiento de Robespierre, Robert François Damiens fue condenado por el intento de homicidio de Luis XV. Por entonces, el regicidio se igualaba con el parricidio, y si bien el rey sólo había recibido heridas leves, Damiens fue condenado a un suplicio espantoso. El joven Robespierre estaba vivamente impresionado por ese relato y también por las lecturas de Rousseau y Voltaire, pero ellos murieron en 1778. Vale decir que no alcanzaron a ver la revolución. Tampoco vivía Diderot en 1789 y Montesquieu había muerto aún antes.

Robespierre comprendió pronto que “hacer” la revolución no era lo mismo que pensarla. Inglaterra era una permanente amenaza, la guerra con Austria que proponían algunos era un camino al desastre, la monarquía constitucional un sueño absurdo, y los usureros un verdadero cáncer para la república. Los pobres podían traicionar por una hogaza más de pan, los burgueses una vez sentados en los sitiales de poder podían caer en los mismos vicios de los aristócratas. Los  “moderados” y los ateos no eran dignos de confianza. Los unos porque con su tolerancia cometerían, necesariamente, traición a la patria, los otros porque al negar a un Ser Supremo perderían el sentido mayúsculo de la virtud. Robespierre, el incorruptible, entendió que “El terror, sin virtud, es desastroso. Pero la virtud, sin terror, es impotente”. Como sugería Nicolás Maquiavelo más de dos siglos antes, Maximiliano Robespierre se convence de que es mejor ser temido que ser amado.

Atreverse con esta historia para producir un hecho teatral es una tarea de alta complejidad. Decidirse hacerlo en un espectáculo unipersonal parece aumentar las dificultades, y elegir a una mujer para interpretar a Maximiliano Robespierre pone a tal empresa al borde de la calidad de ciclópea. La cosa es que con su obra “Robespierre” la autora Mónica Ottino abordó semejante desafío, y para lograr el muy buen resultado alcanzado contó con la dirección de Alejandro Giles y el atinado aporte de la música original de Damián Mahler; y un párrafo aparte merece la elección de la protagonista Mónica Lleó. La actriz es dueña de una inusual expresividad, de un gran instrumento interpretativo, y transita con solvencia los diferentes estados que propone el personaje. No elige la zona del confort sino que arriesga en cada matiz de su interpretación y sale siempre airosa. Produce en la platea momentos de intensa emoción como cuando entona La Marsellesa, y elige una oximorónica construcción cuando representa, casi al borde de la farsa, el trágico final con pistoletazo en la mandíbula y descontrol de esfínteres, que acompañaron a Robespierre antes de enfrentarse con la guillotina.
Lleó no necesita ni off ni proyecciones para apoyarse. Ella sola puede, o podría en este caso, generar todo el universo para contar la historia con la que se ha metido.

La puesta subraya que quizá Diderot haya fracasado en aquella idea del acápite. Tal vez haya más seres humanos que los que él imaginaba a quienes les complazca observar suplicios. Hoy las ejecuciones ya no son públicas, pero se las puede apreciar por youtube y otros medios similares. Esto incluye ahorcaduras, fusilamientos, lapidaciones, diferentes formas de degüellos y decapitaciones. Y hay quienes se regodean con esas imágenes.

Pero, para los que aún preferimos otro tipo de espectáculos, la sala de Andamio 90 ofrece, todos los viernes a 20:30, un espectáculo altamente recomendable que cuenta con Mónica Lleó, una actriz excelente.

 F.M. y S.M.

Ficha técnico artística:

Autora: Mónica Ottino
Actriz: Mónica Lleó
Vestuario, luces y arte: Alejandro Giles
Pelucas: Edith Rodriguez
Fotos: Santiago Botet
Música original: Damian Mahler
Asistencia de dirección: Micaela Orzabal
Dirección: Alejandro Giles

ANDAMIO ´90
Paraná 660 - Capital Federal - Reservas: 4373-5670
Entrada: $ 200,00 / $ 150,00 - Viernes - 20:30 hs.

martes, 6 de junio de 2017

"Simple" las canciones que negué amar


El primer disco “simple” que tuve en mi vida fue el de Joan Manuel Serrat que contenía “Tu nombre me sabe a hierba” y “Poema de amor”. Yo era una pre-púber y me asomaba a la adolescencia de la mano de mi hermana que me llevaba 10 años. Amaba ese disco que ella me había traído de Buenos Aires en una visita a mi San Rafael natal. Lo escuchaba incansablemente en un tocadiscos azul que mis padres me habían regalado un poco antes junto a algunos discos de música infantil (los muy desubicados). Escuchar a Serrat me hacía sentir grande, y mi hermana me entendía y me ayudaba con eso. Pero debo reconocer que muy íntimamente envidiaba algunos discos que tenían mis amigas. Una tenía uno de Julio Iglesias… ¡puajjjj! decía yo haciéndome la agrandada mientras me derretía de amor con esa voz melódica que confesaba haberse olvidado de vivir… Otra amiga tenía uno de Rafaela Carrá. ¡Oh! Cien veces ¡puaj! para mí, que ya era una psicobolche hecha y derecha, a la vez que lo único que quería era ser y bailar como esa rubia. En dos o tres años, además de Serrat, yo ya escuchaba a Carlos Puebla, León Gieco, Orlando Alarcón, entre otra mucha música progre a la par de repudiar y envidiar la divertida y/o romántica música que escuchaban y con la que se divertían, y mucho, mis amigos.


No reniego de mis gustos musicales. Pero hoy me atrevo a confesar que cuando nadie en casa, sobre todo mi hermana, me escuchaba, yo me deleitaba con canciones inconfesables. Y todas esas canciones tenían algún recuerdo o alguna historia que las hacía aún más íntimas y disfrutables.
De estas cosas, justamente,  habla “Simple, las canciones que negué amar”, el espectáculo que Francisco Pesqueira ofrece los domingos a las 5 en punto de la tarde (Lorquiano, al fin) en el Teatro La Comedia. Y porque de eso habla no hay espectador ni espectadora que no se sienta identificado/a  con alguna de las canciones y con alguna de las historias que allí se brindan.

Es muy posible que me tilden de subjetiva, y no me importa, porque Francisco es debilidad afectiva de quien escribe estas líneas. Lo cierto es que “Simple…” es un espectáculo imperdible que combina canciones de las décadas ´60, ´70 y ´80,  historias entrañables y talento, mucho talento.  La dinámica del espectáculo es por demás original, a saber: hay setenta “simples” y 70 historias. Los discos están en una batea y una vez que se bajó la luz de sala y Andrea Widerker -lujo de servidora de escena-  dio la bienvenida y rogó que se apaguen los celulares, siete espectadores elegirán las canciones que el actor interpretará ese día a lo lago de la hora/veinte que dura la función. Y una más, que saldrá de puro azar ya casi terminando la jornada. Esto deriva en que cada domingo Pesqueira ofrece una jornada verdaderamente única. Esto hace que su capacidad de entrega, de adaptación y de versatilidad sean descomunales. Y cuando canta, CANTA. Con esa voz espléndida y dotada que usa a su gusto y talento. Voz que también despliega, y cómo, para interpretar a cada personaje de cada historia, que van desde una niña de 4 años a un anciano de 90; desde un español amanerado a una maestra autoritaria. 

Setenta historias tiene estudiadas, cada una con una canción. Y cada domingo se entrega por entero en ocho de ellas. Al azar. Sin red. Cuenta para ello con un versátil diseñador de sonido y sonidista, Juan José Frias, que se adapta a semejante desafío y ¡no se equivoca nunca! Un impecable entrenamiento coreográfico de Gustavo Bertuol; una delicada dirección de Emiliano Samar, y un equipo de incondicionales que lo secundan en cada detalle. Pero el protagonista absoluto de todo este titánico proyecto es Pesqueira, quien además de contar, actuar y cantar también eligió las setenta canciones y escribió el mismo número de historias cada una con su criatura. Y todo lo hace con carisma, talento y gracia. El resultado no puede ser mejor.

Como dije antes, tengo debilidad amorosa por este hermano que la vida me regaló. Pero bien sé que cada uno de los espectadores que lo disfrutan los domingos salen de la sala amándolo.


No se lo pierdan. Difícilmente haya mejor programa para un domingo a las 5 en punto de la tarde. 

Stella Matute

Ficha técnico artística:
Autor e Intérprete: Francisco Pesqueira
Diseño de luces: David Seldes
Diseño De Sonido: Juan José Frias
Entrenamiento Coreográfico: Gustavo Bertuol
Dirección musical: Claudio Martini
Producción ejecutiva: Andrea Widerker
Puesta en escena y dirección actoral: Emiliano Samar
Idea y dirección general: Francisco Pesqueira

TEATRO LA COMEDIA
Rodriguez Peña 1062 – Teléfono: 4815-5665
Domingos 17 hs.

lunes, 5 de junio de 2017

Experimento Camille Claudel: un grito desde el barro

¿Cuánto hace que la mujeres sufren engaños,  maltratos, abusos de poder, violencia? No nos hacemos esta pregunta en relación a que el 3 de junio hubo una multitudinaria marcha en relación a la lucha contra la violencia de género sino porque la noche anterior, el viernes 2, estuvimos en el Teatro La Revuelta disfrutando del magnífico espectáculo “Experimento Camille Claudel, un grito desde el barro”, una exquisita propuesta escrita por Rubén Pires, dirigida por Darío Restuccio y protagonizada por Carla Pollacchi y Raúl Delgado.


Camille Claudel nació un 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, en Fère-en-Tardenois Fère-en-Tardenois, un pueblecito del norte de Francia. Corría el año 1864. Ella tenía tan solo seis años cuando comenzó la guerra Franco-prusiana que terminó con el imperio de Napoleón III, y poco más de diez años después de la derrota francesa, en 1871, cuando se mudó a París junto con su madre y su hermana. Camille ya había dado muestras de un talento singular para las artes plásticas, y corrían en París los dorados años de la Belle Époque. Montparnasse, el mítico “quartier” que albergaba a los artistas más exquisitos, fue el barrio elegido por la familia. De todas maneras, había algunas pequeñas cosas para las que la liberalidad de entonces parecían no tener importancia. Por ejemplo, la Escuela de Bellas Artes no aceptaba mujeres entre sus alumnos. Por eso Camille, gracias a la influencia de su padre, fue aceptada en la Académie Colarossi que por entonces contaba entre sus docentes al maestro escultor Alfred Boucher. Dos años después, en 1883, Boucher viajó a Italia y recomendó a su brillante alumna para que fuera aceptada por el ilustre Auguste Rodin,  quien era -y sigue siendo- considerado el padre de la escultura moderna. 

Camille y Rodin se conocieron ese mismo año y casi inmediatamente comenzaron un romance, devenido del vínculo maestro-alumna, artista-modelo, que duró toda una década y marcó el tiempo más prolífico y potente de la obra artística de ambos. Durante ese período, Camille colaboró con el escultor en la realización de una de sus obras más famosas –La puerta del infierno- marcando casi en forma premonitoria su destino.

Eran tiempos en los que Nietzsche con su existencialismo vital la emprendía a martillazos con la filosofía. Dios había muerto, todo era posible y el cuerpo no era un mero envase del alma. 

Camille pensó que ella también era parte de ese nuevo mundo, pero la vida y –sobre todo– el hombre del que estaba enamorada decidieron no participarla del convite. Si bien es cierto, como ya dijimos, que ella también creció y se desarrolló artísticamente al lado del escultor -24 años mayor que ella y ya consagrado cuando se conocieron- fue quien pagó con su salud mental  los vaivenes de un amor a destiempo que incluyó abortos en medio de abandonos y reconciliaciones. Esta mujer, cuyas obras se exhiben en los grandes museos del mundo, murió a los setenta y nueve años, pero los últimos treinta años de esa larga vida los pasó encerrada en un manicomio, donde murió, mientras él siguió con su exitosa vida artística y amorosa.

Son más que evidentes las razones por las cuales narrar la historia de Camille ha tentado a literatos, dramaturgos y cineastas. Y también lo son las dificultades que ofrece enfrentar semejante desafío. Rubén Pires decidió emprender esta tarea, y el resultado no puede haber sido mejor. El autor bucea los recovecos de esa pasión desgarradora que vivieron la excelsa artista y el reconocido escultor poniendo en la protagonista el mayor peso del relato. El texto es de una potencia sobrecogedora.
Mezcla de poesía escénica y vía crucis carnal que parece escrito sobre y para la actriz Carla Pollacchi. Su interpretación es descomunal. Parece haber abordado el personaje con la misma pasión con la que modela la arcilla en escena, con el mismo buen gusto con el que encara las posturas de las obras más famosas que Camille ayudó a crear. El paso de la cautivante belleza de aquella joven potente y apasionada de diecinueve años a la patética imagen de la sufriente mujer internada en un loquero es atravesado por la actriz de manera impecable.

En el rol de Rodin, se entrega por entero Raúl Delgado quien también tiene la responsabilidad de interpretar a Paul Claudel, hermano de la artista, y al psiquiatra encargado de contenerla en el hospicio en el que morirá internada. Delgado aborda los tres personajes construyendo la verosimilitud de cada uno con recursos genuinos interpretándolos con solvencia, talento  y gran sensibilidad. Sin dudas el partenaire exacto para una actriz de la dimensión de Pollacchi.

La puesta subraya la excelencia poética del texto de Pires con una subyugante economía de recursos. Proyecciones constantes de las más célebres obras de Camille y Rodin y la sugerencia permanente a través de los movimientos de la inmanencia de arte escultórico en la vida de Camille dan marco a las magníficas interpretaciones de Carla Polacchi y Raúl Delgado.

El espectáculo se gestó por dentro del Proyecto de Graduación del joven Dario Restuccio, para la carrera de Licenciatura en Dirección Escénica, del Departamento de Artes Dramáticas de la UNA. Sin dudas nace un gran director, quien con dedicación de orfebre nos entrega una joya teatral que combina imágenes, barro, luces y sombras sobre cuerpos que de tan vivos y tan presentes sumergen al espectador en la realidad paralela que construyen tanto la locura de Camille -desde su necesidad de ser libre en un siglo en el que eso era impensable para una mujer- como la voracidad de una sociedad patriarcal representada por Rodin.


Sin más: no se la pierdan. De veras, nos lo van a agradecer.

F.M. y S.M.

Ficha técnico artística: 

 Autor: Ruben Pires

 Actúan: Carla Pollacchi y Raúl Delgado

 Asistencia de dirección: Manon Demy

 Dirección: Darío Restuccio

 TEATRO LA REVUELTA 
Boedo 1014 - Teléfono: 2076-2964
 Viernes de junio 22.15 hs.




viernes, 2 de junio de 2017

Mario Cárdenas ha vuelto

 En PISTA URBANA, ese hermoso bar–teatro de San Telmo, se puede vivir la incomparable experiencia de disfrutar y/o volver a disfrutar de la voz y del talento del mítico cantor de tangos Mario Cárdenas. El intérprete -que después de su brillante paso por el  programa “Nuevos Valores” cosechando éxitos  en los shows del carnaval del ’74, y batiendo records de venta en toda América latina con su primer long–play, “Tangos a la bartola"-, hoy está de nuevo en la Patria, después de 20 años de silencio,  engalanando  ese escenario de santelmitiano.

Los años vividos en su exilio europeo, sin dudas, lo han enriquecido artísticamente. Es un momento delicioso cuando narra sus encuentros con el escritor Julio Cortázar.

En esta presentación,  Cárdenas pasa de aquel tango que hizo de él un ídolo de la década del ’70 (“Te aconsejo que me olvides”, Maffia y Curi, 1926) a conmovedoras composiciones nuevas y propias. Si bien el paso del tiempo puede haber dejado alguna huella en su físico, no parece haber hecho mella en su voz ni en su interpretación. Y menos aún en su veta creativa. Es un momento de alto contenido emotivo el recuerdo de su hermosa maestra de primaria que la marcó la vida para siempre.

A propósito de “Te aconsejo que me olvides”, tuvimos la amarga sorpresa de enterarnos que aquella letra de Jorge Curi parece haber prefigurado un tremendo desengaño amoroso que sufrió Mario Cárdenas con su amada Mabelita. Tal vez, ese profundo dolor haya hecho aún más conmovedora su excelente versión.

Afortunadamente para quienes esta opinión escriben,  la noche que presenciamos su show, Cárdenas encontró un Doble A que alguien había dejado en su camarín. Por gentileza de la empresa de sala, el artista pudo usarlo para sorpresa y delicia nuestra, y de otros y otras amantes del tango.

Arolas, Plaza y Piazzolla se hicieron presentes en los dedos de Cárdenas y en los del maestro Víctor Simón, el excelente pianista que lo acompaña.

No faltan las profundas y agudas reflexiones que el intérprete tiene sobre tangueros, milongas y milongueros.


Para nosotros la noche de ese miércoles en Pista Urbana no pudo haber terminado de mejor manera, porque al salir nos encontramos con ese excelente actor, dramaturgo, músico,  (bandoneonista y cantor) que es Luis Longhi. Vale decir: mejor imposible.
F.M. y S.M.


Ficha técnico artística:

Autor: Luis Longhi

Intérprete: Mario Cárdenas

Arreglos y dirección musical: Victor Simón

Dirección general: Luis Longhi


PISTA URBANA
Chacabuco 874 - Teléfono: 4361 3015
Miércoles - 21:00 hs 

lunes, 22 de mayo de 2017

“La discreta enamorada”: un encuentro con todo el oro de aquel siglo.



“La discreta enamorada” es una rara joya en medio de la prosaica Buenos Aires de 2017. Es una reivindicación de las cosas despreciadas por ese utilitarismo contemporáneo del que algunos se ufanan.

Lope, “el Fénix de los ingenios”, se atrevió a debatir con Aristóteles a casi veinte siglos de la muerte del filósofo. Para ello escribió una pieza mayúscula de tono ensayístico, en la que defendió a la comedia ante los severos claustros académicos que la despreciaban por vulgar. A ese ensayo, en el que poética y retórica retozaron a su antojo, la tituló: “Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo” (1609).

Con minuciosa observación, en “La discreta enamorada”, presentada tres años antes de su “Arte nuevo…”, Lope hurga en la psicología femenina. Belisa (tal vez haya que recordar que ese nombre es anagrama de Isabel, el nombre de su esposa muerta en el parto de su segunda hija) necesita compañía para su soledad, y está convencida que el capitán Bernardo va a proponerle matrimonio. Fenisa –hija de Belisa– queda prendada de la apostura de un joven llamado Lucindo. Pero la cosa se complicará porque Lucindo es hijo del capitán Bernardo quien, para desazón de Belisa, elige a la doncella Fenisa para pedir en matrimonio.

Pero aún hay más, Lucindo se bebe los vientos por la cortesana Gerarda, quien lo rechaza coqueteando con un atolondrado Doristeo; un mozalbete bien intencionado pero algo anticuado aun para los albores del Siglo XVII. Claro que la virginal Fenisa no cederá tan fácil al acuerdo que el capitán Bernardo ha celebrado con su madre, si bien a regañadientes de ésta. Y se las arreglará para reemplazar a Gerarda en el corazón, y otras partes, de Lucindo.

La sensual Gerarda al sentirse desplazada empleará todas sus armas para reconquistar la atracción que Lucindo sentía por ella, y –como detalle imprescindible para este género teatral– aparecerá Hernando, el criado de Lucindo, para colaborar en el desenlace. Hernando no dudará en travestirse para servir a su señor, y en aparecer luego como el portador de la verdad.    
La comedia de enredo o de equívoco, eso que la commedia dell’arte nominará: l’imbroglio -arte en el que se lucirá Goldoni así como en Francia lo hará Molière-, encuentra en Lope a quien le sumó su genialidad para poner de relieve la hipocresía de su época, con una perfección matemática que obliga a quien se atreve a encarar la puesta de cualquiera de sus obras a mantener esa curiosa alquimia que une poética con ingeniería.

En este caso el orfebre que se atrevió a tamaña empresa y alcanzó su objetivo con creces se llama Santiago Doria. La economía de recursos con la que Doria ha puesto esta versión de “La discreta enamorada” se agradece desde el principio al final. Sólo dos bancos -devenidos en utilería,  balcones o los pasillos de El Prado- servirán de única escenografía. Son exactos los aportes musicales de Gaby Godman, y se destaca el buen gusto del vestuario de Susana Zilberwarg y el delicado detalle de su dramatúrgica elección de los colores, suavemente apoyados por la atinada iluminación de Leandra Rodríguez.

Finalmente, hay que resaltar un acierto más en el trabajo de Doria y es la elección del elenco.  Sería injusto destacar una labor por encima de las demás. Irene Almus (Belisa), Ana Yovino (Fenisa), Mónica D’Agostino (Gerarda), Mariano Mazzei (Lucindo), Pablo Di Felice (Hernando), Francisco Pesqueira (Doristeo) y Gabriel Virtuoso (capitán Bernardo) se lucen con genuinos recursos en cada una de sus creaciones.

La poética de Lope en las voces de estos intérpretes es una caricia para los oídos, sus actuaciones hacen honor a la maravilla de ese texto; y –en verdad– creemos que este aporte a la cartelera porteña es un oasis donde citarse con la belleza.

Esa cita puede concretarse los viernes y sábados a las 20:00hs, en la Sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación. No se la pierdan, que la belleza no abunda.
F.M. y S.M.



Ficha técnico artística:
Autor: Lope De Vega
Actúan: Irene Almus, Monica D´Agostino, Pablo Di Felice, Mariano Mazzei, Francisco Pesqueira, Gabriel Virtuoso, Ana Yovino
Vestuario: Susana Zilbervarg
Iluminación: Leandra Rodríguez
Música original: Gaby Goldman
Producción ejecutiva: Rosalía Celentano
Asistencia de dirección: Gastón Ares, Jazmin Rios
Dirección: Santiago Doria

CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN
Corrientes 1543 – C.A.B.A.
Teléfono: 5077-8000
Viernes y Sábado - 20:00 hs - Entrada: $ 250,00 / $ 220,00

viernes, 19 de mayo de 2017

GANGSTER, o ¿cuántos son los secretos familiares?



¿Cuántos secretos hay en una familia? ¿Cuántos de esos secretos son sostenidos por mujeres que miran para otro lado cuando de saber la verdad sobre los amores esenciales se trata la cosa? La mafia del cine y la televisión está llena de mujeres que no se enteran que son esposas y/o hijas de mafiosos o asesinos. Desde “El Padrino” a “Breaking Bad”, pasando por “The Fall” o “A good marriage” (una mala adeptación, por cierto de “Todo oscuro, sin estrellas” de Stephen King).

Gangster, la intensa y divertida comedia de Daniel Dalmaroni, se mete con ese tema. La obra comienza cuando una esposa se entera, después de 20 años de casada, que su marido no es un oficinista común sino un mafioso que mata gente para defender los intereses de su jefe. Eso sí: sin violencia. Que todo siempre parezca un accidente. La mujer no puede creer lo que oye. Pero no se va, no huye,  ni se le pasa por la cabeza denunciar a su marido. Entonces uno se pregunta: ¿No puede creer lo que oye? ¿Cuánto de la realidad de su marido ha ido ocultando a lo largo del tiempo en preguntas no hechas?, también podría preguntarse el espectador que va convirtiéndose en testigo cómplice con el correr del espectáculo. Porque las mentiras, ocultamientos y develaciones no terminan allí. Allí, justamente, comienzan. Y esa esposa abnegada e ignorante de lo que pasaba a su alrededor va descubriendo muchos más secretos familiares como quien quita capas a una cebolla. Pero no llora. Más bien decide hacerse cargo. ¡Y cómo!


En una especie de Breaking Bad ligero y teatral, con esta obra Dalmaroni navega cómodo en las honduras de la mentira, la violencia y el poder, para poder nadar también en las cristalinas aguas del humor. Su dramaturgia es impecable. “Redondita”, como suele decirse en la jerga teatral. No debería sorprendernos ya que su producción es bien fructífera y todos los espectáculos de su autoría reciben desde hace tiempo buenas críticas y grandes reconocimientos.

La dirección de Sebastián Bauzá es acertada en una sala trifrontal que ofrece dificultades varias a la hora de tomar decisiones de puesta. La escenografía y el vestuario recrean los años 60 y aportan mucho a la distención imprescindible para poder “soportar” lo sórdido del tema. También se agradece mucho el sonido de esa época en ritmo de “la nueva ola italiana”: Rita Pavone y Doménico Modugno.

Los cuatro protagonistas salen más que airosos de un trabajo bien difícil que es el de mantener la doble moral de ser “una buena persona” y un mafioso. Esa dualidad es alcanzada hasta en lo idiomático, cosa que además de divertir enaltece a los intérpretes.


No se la pierdan. Se van a reír mucho. Y, si son responsables, se van a quedar pensando.

S.M y F.M.

Ficha técnico artística:
Autoría: Daniel Dalmaroni
Actúan: Mariano Bicain, Agustín Frágola, Leonardo Prestia, Karina Roldán
Vestuario: Cecilia Carini
Diseño de escenografía: Marcelo Salvioli
Asistencia de dirección: Antonia Ruggeri
Prensa: Tehagolaprensa
Producción ejecutiva: Ernesto Warnes
Dirección: Sebastián Bauzá

TEATRO DEL PUEBLO
Av Roque Sáenz Peña 943
Reservas: 4326-3606
Entrada: $ 200,00 / $ 170,00 - Sábado - 22:00 hs - Hasta el 24/06/2017

miércoles, 26 de abril de 2017

Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte

Obra ganadora de la 6 ° Edición del Premio ARTEI 
a la Producción del Teatro Independiente

Estreno y función de prensa
Sábado  3 de Junio a las 22.30



Siempre hay que irse alguna vez de alguna parte

Dramaturgia y dirección: Gabriela Izcovich
Con: Marcelo Bucossi, Roberto Castro, Mercedes Fraile, Gabriela Izcovich

Teatro: NoAvestruz - Humboldt 1857. Palermo.
Funciones: sábados a las 22.30 hs.
Entrada: $200 (estudiantes y jubilados $150)
Informes: 4777-6956 ó por mail a reservas@noavestruz.com.ar

Un espectáculo intimista que hace una reflexión profunda acerca de los recuerdos. ¿Lo que queda en mi memoria ha sido realmente así? ¿Lo que en su momento fue doloroso, puede rememorarse con una sonrisa? Cómo construyo el presente en función del pasado.
Dos amigos deciden ir a filmar un documental a su pueblo de infancia. Al llegar se encuentran con que del pueblo ya no queda nada.

Ficha técnica completa:

Con: Marcelo Bucossi, Roberto Castro, Mercedes Fraile, Gabriela Izcovich
Dramaturgia y dirección: Gabriela Izcovich
Luces: Ricardo Sica
Música original: Lucas Fridman
Asistencia de dirección y producción ejecutiva: Marco Riccobene
Prensa: TEHAGOLAPRENSA
Duración: 60 minutos

La obra plantea también una reflexión acerca del vínculo. Sobre la dificultad de compartir la vida con alguien que ya tiene mucho pasado. “El disco rígido ya no tiene más espacio”, dice uno de los personajes. Estos pensamientos son los que comparten los personajes dentro de un clima íntimo y a lo largo de toda la obra.

Francisco y Roberto son dos amigos que rondando los sesenta años, deciden ir a filmar un documental a su pueblo de infancia. Sus esposas los acompañan. Al llegar se encuentran con que del pueblo ya no queda nada. No iban desde hacía cuarenta y tres años y ahora se encuentran con que el pueblo está vacío, no hay gente, los árboles están secos. Sólo ellos cuatro con la cámara de filmación. A partir de ahí, sobre el espacio vacío Francisco y Roberto  evocan situaciones del pasado.

Conjuro para Venus y Adonis (Love me)


Cuenta la mitología que la madre de Cupido provoca el amor de Venus hacia Adonis hiriéndola por error con una de sus flechas. Por error. ¿Será ese el primer error trágico? ¿Será el amor de Venus el primer amor no correspondido?
A su vez,  Adonis era hijo de su propio abuelo materno Ciniras, que ignoraba que su hija Mirra era la mujer que compartía su cama. Fruto de ese incesto nació el hombre más bello de la tierra al que Venus amó sin ser amada.
De esa historia de amor y desencuentro entre Venus y Adonis nace el poema que William Shakespeare escribiera en 1592. Y de ese poema, estructurado en ciento noventa estrofas de seis versos cada una,  surge el espectáculo “Conjuro para Venus y Adonis. (Love me)” con dramaturgia y dirección de Viviana Foschi. 

La complejidad del material poético necesitó de mucha creatividad para ser llevado a escena y el trabajo de Foschi, sin dudas, cuenta con eso. La directora echó mano a varias disciplinas escénicas y logró un espectáculo distinto, original, creativo y bello, que plasma en el escenario tanto el contenido lírico como la exquisita fuerza de las palabras originales. Para ello cuenta con el talento y la ductilidad de un grupo de actores, una cantante, un músico y dos acróbatas multidisciplinarias.
El espectáculo sorprende por su sensibilidad poética y por el acertado uso del espacio, convirtiendo a la sala del Tadrón en una superficie ilimitada donde se aprovecha al máximo todo lo ancho, la limitada profundidad y, fundamentalmente, lo alto. El espectador está rodeado de belleza y todo aporta a que el resultado final sea eficaz y disfrutable.

Actores y actrices: Selva Lione, Adro Verben, Gerardo Della Vecchia, Samuel Steves, Hector Laudani, Nati Iñon, Cecilia Cavallero.

Acróbatas/malabaristas: Victorina De Dia y Gabriela Bagno

Laud en Vivo y música original: Emilio Cervini

Cantante de Opera: Nati Iñon

Vestuario: Alito mendez
Objetos: Facundo Moreno
Maquillaje y fotografía: Juan Sayes
Imágenes y diseño gráfico: Florencia Perez Portillo
Coaching De Circo: Daniela Barrios y Daniel Barros

Dirección: Viviana Foschi

TADRON TEATRO Y CAFÉ
Niceto Vega 4802 - Reservas: 4777-7976

Sábado - 19:00 hs - Hasta el 27/05/2017

lunes, 20 de marzo de 2017

"Tomar la fábrica" o cómo ofrecer el corazón


El biodrama es una rama del género dramático que principalmente se caracteriza por poner en escena o trabajar como material dramático las historias de vida de las personas. Y eso es en alguna medida el espectáculo “Tomar la fábrica”, escrito por Joselo Bella, Ricardo Díaz Mourelle y Pedro Sedlinsky ; interpretado por los dos primeros, dirigidos por el tercero.

Dos actores que interpretan a dos actores. Dos actores que vienen batallando desde tiempos inmemoriales con la inestabilidad del trabajo, la falta de dinero, el desgaste y la defensa de la pasión. Dos actores.

Con la excusa de cocinar para la hija de uno de ellos, que hace meses que no ve, se encuentran y vuelven a fantasear con hacer juntos un proyecto teatral en el que puedan combinar el deseo y las expectativas económicas.

Los une, además, la admiración por Marcello Matroianni y consideran que escenas de “Ojos negros” y “Los compañeros” pueden ser disparadoras de un espectáculo que los devolverá al trabajo, a la dignidad, a la vocación, a la felicidad.  Juan (Joselo Bella) y Franco (Ricardo Díaz Mourelle) abren así  un abanico de recuerdos, relatos  y fantasías que comienzan a trenzarse y se convierten en el espectáculo mismo que tanto sueñan.  Madres, padres, infancia,  hermanos, el país, las mujeres, los primeros trabajos, los artistas admirados y mucho más aparecen entre uno y otro construyendo un clima de cálida nostalgia que envuelve al espectador y lo invita a viajar por sus propios recuerdos.

Joselo, Ricardo y Pedro han trabajado durante mucho tiempo, como Juan y Franco, en la búsqueda y la concreción de este espectáculo y eso se ve en la gran factura del mismo. Sedlinsky dirige todo con talentosa  y delicada batuta y supo rodearse de colaboradores artísticos que suman poesía a la cosa: Rony Kesselman en la música original, Matías Canony en el diseño de luces y Alejandro Mateo en el diseño de escenografía y vestuario.

Ambos protagonistas se entregan por entero a sus criaturas y cada uno en “su cuerda” logran interpretaciones de gran potencia y -si cabe en actores de semejantes trayectorias- consagratorias. El espectador se pregunta, en forma inevitable, cuánto de “dramaturgia” y cuánto de “propia realidad” hay en esos dos seres que desde el fondo de sus almas se tiran sin red, sólo adornados por el exquisito aroma de los zapallitos al ajo y limón, vuelan sin tiempo y parecen querer decirnos aquella frase de Fito Paez que no por conocida es menos efectiva para sintetizar lo que ellos brindan: “¿quién dijo que todo está perdido? Yo vengo a ofrecer mi corazón”. 

Domingos a las 19 en el Nun Teatro. No se la pueden perder. 

S.M. y F.M.

Ficha técnico artística
Dramaturgia: Joselo Bella, Ricardo Díaz Mourelle, Pedro Sedlinsky
Actores: Joselo Bella, Ricardo Díaz Mourelle
Vestuario y Escenografía: Alejandro Mateo
Diseño de luces: Matias Canony
Música original: Rony Keselman
Fotografía: Nadia Mastromauro
Diseño gráfico: Matias Canony
Asistencia de iluminación: Mario Gómez
Asistencia de dirección: Josefina Flores
Prensa: Octavia Gestión Cultural y Comunicación
Producción ejecutiva: Miguel Angel Ludueña
Diseño de coreografia: Micaela Racciatti
Dirección: Pedro Sedlinsky


NÜN TEATRO BAR
Juan Ramirez de Velasco 419 
Teléfonos: 4854-2107
Entrada: $ 200,00 - Domingo - 19:00 hs - Hasta el 16/04/2017

domingo, 19 de marzo de 2017

"Indiscriminadamente discriminados" o volver a la función social del teatro



El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos
para la edificación de un país, y el barómetro que marca
su grandeza o su descenso.
(Federico García Lorca)

Desde el principio de su historia el teatro tuvo alguna suerte de compromiso social. Y cuando decimos “desde el principio de su historia” hablamos de una época en la que ni el concepto de “sujeto”, ni el concepto de “social” tenían en significado que les damos en estos tiempos.
El ditirambo era una celebración ligada a fenómenos climatológicos y a la alegoría –Dionisios mediante– con la fecundidad. Se lo practicaba con desmesura y fue antecedente de nuestro carnaval. Durante el período apolíneo la tragedia se transformó en eficaz herramienta para generar “buenas costumbres”. El “ethos” griego, vale decir las normas de convivencia del espacio en común, halló en la metáfora dramática una forma de promoción de la manera de vivir que valorizaba la prudencia y la mesura.
“Ethos” se volvió durante el dominio del Imperio Romano –con esa practicidad latina para las traducciones– en “mos” o “moris”, raíz de la palabra “moral” de la que deriva: “morada”.
Los actores griegos actuaban impedidos de moverse.  Usaban unas importantes plataformas en cada pie llamadas coturnos y un tremendo mascarón llamado próposon que tenía por objeto la ampliación de las voces de los intérpretes desde que tenía oculto una suerte de primordial amplificador. El prefijo “pro”, en griego antiguo, significaba “delante”, y “poson”: cara. Pero una vez más los romanos  aplicaron su pragmatismo extremo y la llamaron “per–sonare”; “para hacerse oir”. De allí ha derivado la palabra persona.
Próposon como máscara, o: delante de la cara, ha dado mucho a la historia desde las religiones (especialmente la cristiana), al psicoanálisis y a la lingüística; pero la versión romana (personare) también da para pensar, y mucho. Porque  persona es la que se hace oír.
Bien, disculpen el largo introito pero quien esto escribe lo halla necesario para hablar del espectáculo teatral: "Indiscriminadamente discriminados", el último espectáculo de la Compañía Teatral Oveja Negra, un grupo de jóvenes y adultos a quienes les gusta transitar por la experiencia teatral incluyendo en el elenco a personas con capacidades diferentes  permitiéndose la experiencia de revisar los prejuicios, ampliar la mirada y atreverse a pensar otro mundo posible.
"Indiscriminadamente discriminados" es una curiosa joya que en la cartelera porteña parece haberse hecho cargo de una historia que supera los dos mil quinientos años de vigencia de lo esencial del Teatro.
Aquí todos y todas actúan con la misma máscara con la que nacieron y se hacen oír con voz clara y potente haciéndose cargo de su entidad de personas.  Tres escenas que nos ponen delante de un tremendo espejo donde somos espectadores de nuestra propia hipocresía montadas con humor y ternura.
La interpelación –con excelente aprovechamiento del lenguaje dramático– al “ethos” o la “moral” vigente que parece haber desoído a Saint Exupéry cuando nos dice: “lo esencial es invisible a los ojos”; tremenda distracción ésta que nos ha hecho construir un falso principio de igualdad que pretende disimular la calidad de diferentes que tenemos todos, todas, y cada uno y una de los seres humanos.
Una sugerencia final: cuando se enteren de que hay anunciada una función de "Indiscriminadamente discriminados" vayan. No se la pierdan porque van a salir ganando. 
     
Por lo pronto, queda una función más en Pan y Arte el próximo sábado 25 de marzo en el Espacio Teatral Pan y Arte, de Boedo 878, a las 20.30.

F.M. y S,M.


Ficha técnico-artística

Actrices y actores: María Eugenia Aparicio, Julieta Díaz, Micaela Luna, Magali Maldonado, Alejandra Manzo, Stéfano Paván, Iván Perri, marcela Rodríguez, Matías Scavone, Marina Simonetta, María Fernanda Vega Gutiérrez y Federico Zizmond - Compañía Teatral La Oveja Negra-

Escenografía: Compañía Teatral La Oveja Negra

Iluminación,  sonido y asistencia de dirección: Guillermo Bordone

Asistencia Actoral: Agustín Arrieta, Juan Ignacio Servente

Dirección: Gisela Amarillo

Este espectáculo formó parte del evento: 11va edición de Festival Enlaces
Este espectáculo formó parte del evento: Festival Vamos Que Venimos


PAN Y ARTE TEATRO
Boedo 876
Capital Federal - Buenos Aires – Argentina
Teléfonos: 4957-6922
Entrada: $ 200,00 - Sábado - 20:30 hs -
Funciones: sábados 18 y 25 de marzo

lunes, 13 de marzo de 2017

Su nombre es Cristina

Cristina.

Ese es su nombre.

Cristina.

Es mujer, doncella, mujeraza, dama, mina, señora, matrona, aristócrata.

Es valiente, vital, creativa, intensa, agitada, ardorosa, vehemente.

Es La Morocha y es reina en el país de las brujas

Es Julieta, Antígona, Lady Macbeth, Medea. Y es El Padre. Y Federico.

Es Premios, todos. Y es teatro y cine y televisión.

Es talento, es trabajo, es constancia.

Es Cristina.

Es Molly y es Eva.

Es Cristina.

Poco más puede decirse de ella. Porque ya está todo dicho.

Sólo apuntar que para festejar y festejarse los 30 años del El Excéntrico de la 18, vuelve a exigirle al público estar a la altura de las circunstancias para poder disfrutar de su arte poniéndose en la piel de dos que ya la habitaron y vuelven a habitarla. O viceversa, es igual.

Allí está los sábados Molly Bloom. Y allí está Eva Perón los domingos. Las dos levantando banderas.  Las dos encarnadas en Ella.

Es Cristina. La Banegas.




Si les gusta el Alto Teatro, no se la pierdan. Van a querer volver a verla.

S.M. y F.M.


EL EXCENTRICO DE LA 18º
Lerma 420
Teléfonos: 4772-6092
Molly Bloom (dirección: Carmen Baliero): Sabados de marzo 21 hs. Viernes de abril 21 hs.
Eva Perón en la hoguera: Domingo - 21:00 hs - Hasta el 30/04/2017

domingo, 12 de marzo de 2017

"Fanny y el almirante", un encuentro con nuestra historia

Luis Longhi es un artista. Actor, autor, director, bandoneonista, en todo lo que hace se destaca. En este caso, ha escrito y protagoniza un espectáculo imprescindible para aquellos que consideramos que el repaso permanente de la historia es imperioso para que no nos hundan en el olvido aquellos detractores de la memoria. 



“Fanny y el almirante” es una ficción sobre un encuentro entre la recordada cantante y actriz de teatro, cine y radio Fanny Navarro, y el nefasto personaje de la historia argentina que fue Isaac F. Rojas, vicepresidente de facto de la Nación en lo que se autodenominó “la Revolución Libertadora” pero que muchos recordamos como “la fusiladora”, luego del golpe de Estado que en 1955 derrocó al gobierno democrático de Juan Domingo Perón.

Fanny, un trabajo potente y delicado a la vez de Rosario Albornoz, fue amiga personal de Evita y pareja de su hermano, Juan Duarte. Eso le significó gran persecución política y acosos varios por el revanchismo del gobierno golpista condenándola al ostracismo y situándola al borde de la locura. En esta obra se muestra a una Fanny obsesionada en mantener vivo el recuerdo de su amiga repitiendo sus discursos y defendiendo el uso de un anillo que la puede poner en peligro de muerte. La acompaña la figura de su madre, en un gran trabajo que combina sencillez y contundencia de Karina Antonelli, quien intenta cuidarla de los peligros de la proscripción de esos tiempos de horror.
El personaje de Rojas está en manos del autor de la obra, Luis Longhi descuella en del desafío de convertir al despreciable almirante en una criatura con cierta cercanía al humor. Apela para eso a una actuación farsesca en la que muestra su gran abanico histriónico. En su delirio megalómano “la Mosca”, como lo llamaban, considera que puede ser un artista heroico, y –tal como corresponde– tiene a un subalterno, interpretado con gran solvencia por Lalo Moro, que replica su gestualidad y practica una obediencia rayana en la esclavitud.

Longhi encontró en Tatiana Santana a la directora ideal para su texto. Como ya es su costumbre, la joven directora navegó en las aguas en las que mejor se siente, aguas que no son precisamente mansas, y llevó a buen puerto su propuesta. Mientras el almirante y su marinero actúan en clave de esperpento, Fanny y su madre lo hacen desde la del opuesto. Se rodeó para ellos de un equipo técnico-artístico que se puso al servicio de la buena factura del espectáculo: Andrea Mercado, Ana Nieves Ventura y Sebastián Irigo.

Todo circula para que la obra nos abra las puertas de un mundo (y perdón por el uso de un oxímoron teatral) borgianamente peronista en el que la historia legendaria –con su imprescindible y bienaventurada incerteza– llega cargada de horror e impiedad, y aun así es pródiga en belleza formal.

Nuestra opinión: Imperdible.
SM y FM

Ficha técnico artística: 
Autor: Luis Longhi
Elenco: Rosario Albornoz, Karina Antonelli, Luis Longhi, Lalo Moro
Vestuario y maquillaje: Ana Nieves Ventura
Escenografía: Andrea Mercado
Iluminación: Sebastián Irigo
Asistencia de dirección: Roberto Gonzalez Segura
Asistencia De Escenas: Valentín Larroy
Prensa: Daniel Franco, Paula Simkin
Coreografía: Laura Figueiras
Dirección: Tatiana Santana


TEATRO LA MÁSCARA
Piedras 736
Reservas: 43070566
Jueves - 21:00 hs
Entrada: $ 200,00 / $ 150,00

jueves, 9 de marzo de 2017

Sucesos literarios argentinos


Rescatar del olvido y defender de la desidia son los objetivos de una narradora que se desafía a memorizar textos de los que queda un solo ejemplar y ya no volverán a editarse. 

Esa mujer extrae de cada cuento el  núcleo espiritual de lo escrito para convertirlo en un torbellino de emoción, creatividad y talento en la palabra hablada. 

Esa mujer transforma y se transforma convirtiendo exquisita literatura en colosal hecho teatral. 
Esa mujer relata, interpreta, compone. 

Y conmueve, conmoviéndose. 

En su voz hablan Ángel María Vargas, Esther Cross, Javier Villafañe, Daniel Moyano, Juan José Saer e Isidoro Blaisten desde el sótano de una “librería de viejo” (de la calle Corrientes) en peligro de extinción. Desde ese sótano ella se proyecta al mundo con su imaginación y hasta se permite la fantasía de enamorarse una vez más en la mítica "Giralda". 

Esa mujer no es otra que Ana María Bovo, la narradora por excelencia de nuestra cartelera porteña, que nos ofrece lo que sin duda es un “suceso literario argentino”. 

Como todo lo que ella hace desde hace tantos años, este espectáculo está desbordado de maestría artística, agudeza estética, sabiduría, chispa y madurez sensible. Con todo ese bagaje convoca al público a un viaje diverso por seis mundos disímiles que proponen emociones, risas y reflexiones teñidas de nostalgia y ternura. 

Bovo ya nos tiene bien acostumbrados a abandonar su platea con sonrisa humedecida a lo que, en este caso, podemos sumarle unos "ojitos llenitos de ayer”. 

La acompaña un equipo de excelencia que aporta lo suyo para tener un gran domingo teatral:   Lina Boselli en la escenografía, Pigu Gómez y Carolina Rolandi en el diseño de luces, Josefina Darriba como asistente técnica, Paula Broner y Bernardo Sabbioni en la asistencia de dirección.

Ojo que está en cartelera hasta el 26 de marzo.
S.M.

Ficha técnica:
Diseño de escenografía: Lina Boselli
Diseño de luces: Pigu Gomez, Carolina Rolandi
Realización de escenografia: Lina Boselli
Fotografía: Pigu Gomez
Asistencia técnica: Josefina Darriba
Asistencia de dirección: Paula Broner, Bernardo Sabbioni
Producción ejecutiva: Paula Broner, Bernardo Sabbioni

Autoría, actuación y dirección: Ana María Bovo, sobre textos de: Isidoro Blaisten, Esther Cross, Daniel Moyano, Juan José Saer, Javier Villafañe



CENTRO CULTURAL DE LA COOPERACIÓN
Corrientes 1543
Teléfonos: 5077-8000 int 8313
Entrada: $ 250,00 - Domingo - 20:00 hs.

lunes, 6 de febrero de 2017

Sueños de juventud



Dos amigos han volado alto en sus ideales y están a punto de convertirse en la conducción de un país. Puede ser cualquier país, da lo mismo. “En todas partes se cuecen habas”, decían nuestras abuelas. Y solían tener razón. O razones.
La historia escrita por el dramaturgo español Ignasi Vidal, y versionada en este caso por Elio Marchi, se mete con temas contundentes como la militancia, los sueños, la amistad y la traición. Lo hace, además, husmeando en laberintos ambiguos que intentan que cada espectador se identifique de acuerdo a sus pensamientos, ideologías, convicciones. Esto es el mayor riesgo de la pieza.
El encuentro de los dos personajes, Francisco (Roberto Vallejo) y Alejandro (Gustavo Pardi) comienza en una especie de “final de jornada”. Charlan, beben, recuerdan, ríen. Y en ese devenir relajado y distendido comienzan a aparecer sospechas, reclamos, demandas, acusaciones. La trama, entonces, va avanzando en la medida que se tensa el clima.
Los dos actores ponen “toda la carne al asador” y se sacan chispas en un duelo actoral impecable. Exquisitos, potentes, apasionados, se deslizan cómodos en esa maraña que los conduce a un escándalo del cual ninguno de los dos quiere pagar el costo. ¿Sólo uno se hará cargo? ¿Uno es el corrupto y el otro el incorruptible? ¿O los dos han llegado demasiado lejos en la concreción de sus sueños como para quedar indemnes? ¿Cuál es el límite que divide la moral privada de la pública? ¿Hasta dónde un político puede delegar en otro sin tener luego derecho al reclamo? ¿Con qué parámetro se mide la “Dignidad”?
La dirección de Corina Fiorillo no defrauda. La multipremiada directora ofrece una vez más todo su talento en la concreción de un espectáculo de excelente factura.

La cartelera comercial de teatro se encuentra engalanada con esta oferta. No se la pierdan. 
T aT

Ficha técnica:
Autor: Ignasi Vidal
Versión: Elio Marchi
Actores: Gustavo Pardi, Roberto Vallejos
Vestuario y escenografía: Gonzalo Cordoba Estevez
Diseño de luces: Ricardo Sica
Dirección: Corina Fiorillo

MAIPO KABARET
Esmeralda 449 - 2do Piso
Teléfonos: 4322-4882/8238
De miércoles a sábado 21.30 hs. - Domigos 21 hs.